Ya son catorce días sin noticias de los cuatro técnicos de aviación salvadoreños emboscados el 18 de octubre en Croix-des-Bouquets, a las afueras de Puerto Príncipe, cuando regresaban de un mercado. Los cuatro integran la Fuerza de Supresión de Pandillas en Haití, y el propio gobierno haitiano clasificó el hecho como un secuestro.

El 25 de octubre, el presidente Nayib Bukele desmintió la versión de que habían aparecido muertos: «No son nuestros hombres», escribió, al explicar que los restos que una ONG entregó en el aeropuerto correspondían a un niño, a un hombre de mucha mayor estatura y a una persona con uniforme de otro ejército.

Después ordenó el despliegue de más de dos mil soldados salvadoreños, que ya instalaron una base en Tabarre y patrullan la zona desde el 30 de octubre.

Su frase más reciente define la misión: «Si nos entregan a nuestros aerotécnicos vivos, ese mismo día nos regresamos». Bukele aclara que no es una invasión, pero hasta hoy no existe confirmación oficial de que los cuatro estén con vida, y en Haití crece el temor de un desenlace trágico.