“Derrotamos a Goliat”. Así describió James Talarico su victoria de este martes 3 de noviembre en la contienda por el Senado de Estados Unidos en Texas: el demócrata derrotó al fiscal general republicano Ken Paxton con el 55,0% de los votos frente a 43,2%, según los llamados de AP, en el vuelco más simbólico de una noche en la que su partido recuperó el control de la cámara alta.

Antes de ser político, Talarico fue maestro de escuela pública en San Antonio, y en su discurso en Austin volvió una y otra vez a la lección que dice haber aprendido de las Escrituras y de su propia vida: “siempre hay que apostarle al más débil”. Contó que su madre, hija de un predicador de Laredo, salió de su casa a los 19 años y se mudó a Austin, donde conoció a su padre, un joven que había abandonado la escuela y tenía un problema con la bebida que a veces lo llevaba a la violencia.

“Una noche se tornó abusivo y esa noche el amor de mi madre le hizo frente al abuso. Ella empacó todas nuestras pertenencias en su coche y fuimos a un hotel, hasta que conseguimos un pequeño apartamento en el este de Austin. Yo dormía en un clóset, que ella decoró para que pareciera un espacio para un niño”.

El senador electo aseguró que su campaña enfrentó más de 300 millones de dólares —la contienda senatorial más cara en la historia del país, afirmó— y “casi 40 años de dudas”, en un estado que no enviaba un demócrata al Senado desde hacía casi cuatro décadas. “David no era tan grande ni tan fuerte como Goliat, no tenía tantas armas, pero tenía esperanza, tenía fe y tenía una honda. Ustedes han sido mi honda. La gente de Texas fue mi honda y esta noche derrotamos a Goliat”, dijo ante sus seguidores.

Prometió trabajar cada día para ser digno del respaldo recibido y ser también el senador de quienes no votaron por él: “para los tejanos que no votaron por mí, voy a ser su senador también. Voy a luchar por ustedes”. Y repitió su frase al cierre: “Nunca perdimos la esperanza ni la fe. Siempre, siempre apústenle al más débil”.