Una paloma mensajera fue capturada cuando intentaba ingresar elementos prohibidos a la cárcel de Palogordo, ubicada en Girón, Santander. Funcionarios del INPEC que estaban de turno la notaron sobrevolando el penal con algo extraño atado a su cuerpo.
Al detenerla y revisarla, le encontraron dos cargadores de celulares amarrados a sus patas. Los dos cargadores fueron decomisados y la paloma quedó bajo custodia de las autoridades.
No es la primera vez que los delincuentes usan animales para burlar la seguridad de las cárceles. Las palomas mensajeras son entrenadas para volar rutas específicas, y los reclusos las reciben del otro lado de los muros.
Las autoridades investigan ahora quién entrenó al ave y a qué patio o pabellón iba dirigido el cargamento. Una historia que parece de película, pero que revela hasta dónde llega la creatividad del crimen para mantener conectados a los presos con el mundo exterior.
¿Crees que las cárceles deberían tener sistemas para detectar este tipo de contrabando aéreo? Te leo en los comentarios.