Christa Pike, la única mujer en el corredor de la muerte de Tennessee, rompió el silencio este viernes 30 de octubre, justo un mes después de sobrevivir a su propia ejecución: el 30 de septiembre recibió dos dosis de pentobarbital en la prisión de Riverbend, en Nashville, y aun así siguió respirando.

«No ha habido un solo momento en que no haya sentido dolor».

Pasó días inconsciente, conectada a un respirador, y despertó en un hospital el 6 de octubre; desde el 10 de octubre se recupera en la enfermería del Centro de Rehabilitación Debra K. Johnson, donde ha estado presa por más de 30 años.

En su primera declaración pública, dictada a su equipo legal, Pike, de 50 años, afirma: «Me duele el cuerpo. Me duelen los brazos, las manos y la garganta. Todavía me cuesta hablar. Y el dolor no es solo físico: también hay dolor en mi mente y en mi alma».

Sus abogados sostienen que el equipo de ejecución usó unas diez agujas durante cerca de una hora para colocar las vías y que sus brazos quedaron hinchados, quemados y con ampollas, presuntamente porque el fármaco se filtró a los tejidos.

Pike dice que no contemplaba una vida más allá de esa noche y que está profundamente herida por «la incompetencia» que la dejó en esta situación, aunque asegura que se está recuperando: «Sanar no es lo mismo que estar bien. Por ahora trato de sanar, un día a la vez».

Condenada por el asesinato de Colleen Slemmer, cometido en Knoxville en 1995, sigue en el corredor de la muerte mientras sus abogados buscan que el gobernador le conmute la condena.

¿Crees que Tennessee debería intentar ejecutarla de nuevo o que lo que vivió aquella noche ya fue suficiente castigo?